Por José Gandour @zonagirante

«Te cuesta disimular ternura»

De la canción Donde mueren todos

 

Hacer buena (e interesante) música triste es muy difícil. Claro, el mercado artístico está lleno de afligidas tonadas, que parecen inspiradas en las peores telenovelas  de Televisa, cantadas con funestas voces que contagian de ridícula depresión a quien las escucha. ¿Quien cree en la pesadumbre de Arjona, Montaner y otros ejemplos patéticos del mercado de lágrimas sonoro que nos proponen las grandes compañías discográficas? Puro material que nos invita a cortarnos las venas con cuchillos plásticos de dotación.

Insisto: Hacer canciones que rasguñen de brillante manera eso que llaman el corazón es de gente brillante y honesta. Al menos eso es lo que puedo llegar a sospechar. Por eso es una buena noticia saber que Prehistóricos, el proyecto de pop chileno liderado por Tomäs Preuss, lanzó en plena navidad su nuevo álbum Abrazo fantasma.

Lo que hace Preuss gusta, ya que sabe combinar instrumentación sencilla, directa (mezcla de synthpop y melancolía acústica y folclórica), con una voz que susurra sin cruzar la línea que confunde lo atrapante con lo cursi. Sus textos, presentados con estimulantes melodías, logran convocar a la intimidad, ya sea con deseo duradero o conteniendo momentos efímeros que no se extienden innecesariamente. Acude a frases que conmocionan de inmediato, como cuando dice, a manera de contradictorio rescate anímico:

«Voy a darte aliento/ No hay dolor en el infierno»

El artista sabe hablar de ansias, de deseos, de desesperos, y aunque acude de vez en cuando a palabras que se salen del discurso de todos los días, su música expresa cotidianidad, lo que él siente y canta es lo que cualquiera puede entender y vivir. Cualquiera comprende cuando Preuss dice en Si se acaba, el corte más popular del disco:

«Quedémonos despiertos / movámonos más lento /me está gustando que te quedes a dormir en mi casa»

Para luego continuar y decir:

«Y esta neblina puede parecerse al amor»

Insisto, lo de Prehistóricos es hacer de la sencillez un arte fascinante. Son composiciones que no pueden eludir su belleza, y que, al evitar la rimbombancia, se hacen más cercanas. Aquí, por fin, la nostalgia es válida y alimenta un quebranto sano que necesitamos cada jornada que pasa.

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