Por José Gandour @zonagirante

Algunos, ya avanzados de edad, recordarán cuando en sus casas encendían las radios en la tarde, a buen volumen, y sonaban las tonadas de cantantes clásicos, tipo Olga Guillot, Libertad Lamarque, Alci Acosta, Julio Jaramillo y otros, y al terminar de emitir sus grabaciones, el locutor decía algo como «En Radio Popular tuvimos el gusto de escuchar a Xxxx, interpretando esta bella canción de amor. Siendo las 4 y 25, seguiremos con una tanda con los anuncios de nuestros patrocinadores… ya regresamos». Si, igual hoy siguen esas emisoras en el dial, y de vez en cuando, en alguna cocina, en el kiosko o en la fábrica, alguién está en modo nostalgia y trae el pasado a las horas actuales, mostrando, como si se necesitara evidencia de ello, que el catálogo de baladas, boleros, sones y otras especies sonoras de nuestro continente, contiene obras maestras  de amplia llegada popular. Igual, disfrutar  el arte de décadas pasadas tiene residencia en 2023, y de qué manera. No importa cuál sea su edad, si usted es de la generación de Gardel, Fabiana Cantillo, Miranda o Wos, debe tomarse el tiempo para apreciar lo hecho por Julieta Laso en su nuevo álbum Pata de Perra.

Laso tiene, como hemos descrito en notas anteriores, una voz que logra sinceramente transmitir las emociones que quiere transmitir. Aquí hay rabia, seducción, valentía, quiebre emocional, llanto y risa en un solo momento. Para este disco la artista argentina acoge antiguas y muy conocidas composiciones y se las apropia, como si, desde el comienzo, hubieran sido hechas para ella, para su garganta, para sus labios, para su corazón. Escucharla cantar La quiero a morir es conmovedor, es un puñetazo tierno en el pecho, que duele pero alegra, siendo un gran homenaje para su autor original, Francis Cabrel (por favor, no traigan a colación la versión hecha por Sergio Vargas). Luego viene Olvidarte nunca, balada que hizo famosa la banda chilena Los Golpes, a la cual Laso le añade, sin eliminar la urdimbre clásica, un aire hip hop, dando pie a la intervención rapera de la cubana La Dame Blanche, una combinación inesperada y perfecta. Y a continuación, le da color de son cubano a Mi presidio, una tonada vallenatera original del colombiano Romualdo Brito, logrando una interpretación digna ser escuchada en cualquier época, inclusive hace cincuenta  o sesenta años, en tiempos del Trío Matamoros o El Dúo Los Compadres. Y una sensación parecida despierta en la audiencia cuando Laso canta Ausencia, tema hecho por Violeta Parra.  Eso si, el mejor momento es cuando suena el último corte. Ahí Laso ataca con todo y hace una interpretación que sacude los huesos de Non, je ne regrette rien, de Edith Piaf, usando una traducción muy particular (muy argenta) en una grabación llamada No me arrepiento de nada.

Puede ser algo exagerado acudir a un apelativo que acuña a personajes como Frank Sinatra o Raphael, por citar a muy pocos que se lo merecen, pero en este álbum, podemos afirmar que Julieta Laso es la voz, si, LA VOZ. Lo comprueba metiéndose con el bolero, con la chanson francaise, con ritmos urbanos, con los géneros tradicionales de toda la vida, sumándoles una valiosa actualidad que no puede de ningún modo ser ignorada. 

Ahora cierre los ojos y escuche este álbum, e imagine nuevamente la emisora de antaño, donde el presentador dice «Siendo las mejores horas vespertinas, hemos escuchado Pata de Perra, de Julieta Laso. Les deseamos los momentos más felices a partir de este segundo».  

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